viernes, 1 de julio de 2011

Bar Jardín

Si hay un lugar donde todo acontece, donde los asuntos personales se convierten en cosa pública es precisamente en el Bar Jardín, sitio donde concurren el turismo y los habitantes de la ciudad.
Ubicado en el centro neurálgico de la ciudad, en la Plaza de Armas, a un costado de lo que fuera el Palacio de Gobierno, el Bar Jardín y su cafetería es centro de reunión de políticos, artistas, activistas, descontentos sociales… una amplia gama de personajes que con su sola presencia caracteriza al lugar y lo convierte en único.
En sus memorias noveladas, Oaxaca de mis recuerdos, Carlos Velasco Pérez narra su llegada a esta capital, antes del temblor del 14 de enero de 1931. Se quedaba a dormir en lo que entonces se llamaba Carta Blanca y que hoy conocemos como Bar Jardín. Los gendarmes pasaban por la madrugada y si advertían que uno de los inquilinos de los portales olía a chígere de inmediato era remitido a la comisaría, lugar donde estuvo Malcolm Lowry y de cuya experiencia escribiera un poema.
El Carta Blanca era atendido por su propietario, el español don Guillermo Fernández quien formó a una camada excepcional de cantineros, con Humberto Hernández Martínez, El Chato, por solo citar al más emblemático y quien es el veterano de los cantineros en Oaxaca, a la cabeonza de la lista. Otros fueron quienes respectivamente y en momentos diferentes fundaron La Giralda y Tomas Inn, por solo citar algunos ejemplos y que merecen historia aparte.
Precisamente El Chato, quien ya tenía el bar Capri, se hizo cargo por una temporada del Carta Blanca que se prolongó por seis meses cuando inicialmente iba a ser de seis semanas. Poco después, don Guillermo Fernández, por motivos personales, hacia 1973 traspasa el bar a los hermanos Ugartechea Muguerza, quienes lo administran alternativamente desde entonces.
Es en esa época cuando el local tiene el rostro que todos conocemos, pues se remodela y se amplía, dejando de ser exclusivamente cantina convirtiéndose en el establecimiento de mayor capacidad en los portales.
Julián Ugartechea repasando la historia del Bar Jardín comenta que en el local se habla del sabor castizo de su ambiente. Como hace 50 años, es punto de referencia familiar, centro de solaz esparcimiento tanto para visitantes como locales; es centro de reunión para los chismorreos políticos y cotilleos sociales y es obligada la tradicional tertulia dominguera después de misa de 12 en Catedral o bien de la audición de la Banda de Música del Estado de Oaxaca.
Desde la década de los años 30 del siglo pasado a esta época, la Plaza de Armas o más conocido como Zócalo, ha visto un incesante cambio que va de lo arquitectónico a lo puramente ornamental; de lo urbanístico a lo social.
En ese decurso de tiempo, negociaciones de todo tipo han abierto y cerrado sus puertas; se ha cerrado a la circulación de vehículos para convertirse en un andador donde familias de todas las condiciones sociales se dan cita para admirar y recorrer el Centro Histórico y sus alrededores.
Aún cuando el Palacio de Gobierno a pasado a convertirse en Museo, de cualquier manera las manifestaciones populares acuden a expresarse en el mismo lugar. Es parte del paisaje, resume un parroquiano del Bar Jardín quien por años asiste diariamente a tomar café e intercambiar las novedades políticas, culturales y sociales de la capital.
No sólo los parroquianos o los meseros -como en el caso de don Manuelito, decano de esas lides no solo en ese lugar, sino de la capital-, son personajes entrañables de esas mesas del portal, sino también lo son algunos vendedores ambulantes, desde las que ofrecen un reintegro, algunos mendigos, hasta músicos callejeros.
Todo ha pasado por el Bar Jardín y todos han pasado por él. Sin excepción. Desde intrigas palaciegas, hasta conciliábulos literarios; desde encuentros amorosos pasando por decepciones del corazón; desde complotistas veraniegos que discuten sin cesar hasta farras de más de doce horas donde los poetas han encontrado el estro para iniciar el poemario que si no lo sacará de la miseria por lo menos del ostracismo.
Y en tal sentido no ha pasado inadvertido que ante esas mesas se han sentado personalidades de diferente rango, así el exiliado Sha de Irán, Mohammad Reza Parhlevi, como Danielle Gouze, viuda del ex presidente francés Francois Mitterrand.
El magnate griego Aristóteles Onasis o la reina Sofía de España que, sentada en el Bar Jardín vio pasar al Ministro de Relaciones Exteriores de su país, Javier Solana a quien llamó para que la acompañase. Fue un encuentro extraño, comenta Julián Ugartechea.
Del mundo de la farándula han estado María Félix, Emilio El Indio Fernández, Antonio Aguilar, Ernesto Alonso entre otros. Aventureros y artistas extranjeros han reseñado su estancia en Oaxaca y no dejan de mencionar este sitio, así como los adyacentes a la Plaza de Armas.
Sería imposible un recuento, por lo menos somero, de las personalidades que han degustado una copa o un café en el Bar Jardín.

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