La noche llega abrupta. El foco de un puesto de tacos ilumina la calle. Las sombras se desplazan sobre una calle mal iluminada y mal oliente. Salen del Nuevo Mocambo, Kloster, Tabula Rasa y un par de cantinas aledañas. Se encaminan a El Kokis. El lugar está a reventar. Las mesas llenas. La barra atestada. Solo se vende cerveza. La mayoría de los parroquianos piden caguamas. Un ir y venir de clientes. La pequeña puerta del lugar permanece bloqueada por el entrar y salir de las personas.
Hay una discreta fila para escoger música de la rocola. Recién conocí esta cantina en la tercera calle de Mier y Terán y si bien permanece abierta todo el día, es en la noche cuando el ambiente adquiere una fisonomía peculiar y única.
En realidad, hasta hace poco, El Kokis era una cantina más en esa zona poco frecuentada por la sociedad. Hay que decirlo, la zona goza de mala fama, donde proliferan, más que cantinas, auténticos antros, bares de mala muerte. Pero todo tiene su encanto y no por ello dejan de ser refugio de bebedores compulsivos, ricos o pobres.
Por algún fenómeno que quizás la propietaria Sara conozca, El Kokis se convirtió de pronto es lugar de peregrinaje para artistas, periodistas y algún empresario. De hecho, cuando El Central cierra sus puertas, las de El Kokis permanecen abiertas para quienes quieren seguir la fiesta hasta que el cuerpo resista.
No es difícil caer en la fascinación de ese lugar. Es avasallante, irresistible. Lo extraño es que no ofrece nada más que otras cantinas. Es el ambiente propiciado por los propios parroquianos quienes hacen distintiva a esta cantina.
Para quien no conoce el lugar, no espere algo sorprendente porque podría desilusionarse. En realidad y como sucede con la vida, no hay que esperar nada y algo nuevo acontecerá. El Kokis es prueba de ello.
lunes, 6 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
Oaxaca hacia el siglo XVIII*
El oro rojo propicia el auge
Padre Florencia
Es Oaxaca una de las más populares y bien fundadas ciudades de la Nueva España- con la riqueza grande de la grana, que después del oro y la plata es en Nueva España el género que abunda en extremo en el Valle, y en otros géneros que hacen muy acreditado el trato y comercio de esta ciudad, ha crecido tanto después de la de México y Puebla tiene el tercer lugar en la Nueva España.
Las calles iguales, desahogadas, tiradas a cordel, lindas casas y una plaza principal con sus portales, casas de cabildo y bien labradas. La catedral a un lado, de grande y capaz arquitectura.
El temple es bueno, ni frío ni calor; la abundancia del valle de que se provee y abasta la ciudad es muy grande. El regalo de frutos, carne, peces y dulces de todos géneros y lo demás no sólo para el sustento, sino para las delicias de la vida humana, es excesivo.
Hácese el mejor y más sazonado chocolate de la Nueva España, y del primor del que se lleva todo el que va della a España de Guaxaca por las ventajas que hace el que allá se labra.
No sólo es sobrada esta ciudad por los frutos que da en abundancia, sino por lo que le viene del Perú por Tehuantepec y Huatulco, y se trajina en ella de vino, aceite y aceitunas, cacao de Guayaquil y plata, por lo que de Veracruz se transporta en cuantiosas condiciones de lo bueno que viene de Europa en las flotas.
*Citado por Jorge Fernando Iturribarría en su ensayo Alfonso García Bravo, trazador y alarife de la villa de Antequera. El autor no da mayores datos sobre la fuente consultada y solo aparece la referencia al texto que hemos tomado.
Fuente: Artículos históricos de Jorge Fernando Iturribarría. Francisco J. Ruíz Cervantes (compilador) IOC, FOESCA y UABJO. Oaxaca 1998.
Padre Florencia
Es Oaxaca una de las más populares y bien fundadas ciudades de la Nueva España- con la riqueza grande de la grana, que después del oro y la plata es en Nueva España el género que abunda en extremo en el Valle, y en otros géneros que hacen muy acreditado el trato y comercio de esta ciudad, ha crecido tanto después de la de México y Puebla tiene el tercer lugar en la Nueva España.
Las calles iguales, desahogadas, tiradas a cordel, lindas casas y una plaza principal con sus portales, casas de cabildo y bien labradas. La catedral a un lado, de grande y capaz arquitectura.
El temple es bueno, ni frío ni calor; la abundancia del valle de que se provee y abasta la ciudad es muy grande. El regalo de frutos, carne, peces y dulces de todos géneros y lo demás no sólo para el sustento, sino para las delicias de la vida humana, es excesivo.
Hácese el mejor y más sazonado chocolate de la Nueva España, y del primor del que se lleva todo el que va della a España de Guaxaca por las ventajas que hace el que allá se labra.
No sólo es sobrada esta ciudad por los frutos que da en abundancia, sino por lo que le viene del Perú por Tehuantepec y Huatulco, y se trajina en ella de vino, aceite y aceitunas, cacao de Guayaquil y plata, por lo que de Veracruz se transporta en cuantiosas condiciones de lo bueno que viene de Europa en las flotas.
*Citado por Jorge Fernando Iturribarría en su ensayo Alfonso García Bravo, trazador y alarife de la villa de Antequera. El autor no da mayores datos sobre la fuente consultada y solo aparece la referencia al texto que hemos tomado.
Fuente: Artículos históricos de Jorge Fernando Iturribarría. Francisco J. Ruíz Cervantes (compilador) IOC, FOESCA y UABJO. Oaxaca 1998.
sábado, 4 de junio de 2011
Menstruario III*
Seguimos con nuestro guían Herodoto. En la primera entrega se describió una costumbre babilonia, que consistía en que una vez en su vida las mujeres debían prostituirse en el templo de Venus, como sacrificio ritual y sagrado. Ahora veremos como los babilionios escogían a sus esposas.
Dejémosle que él nos lleve de la mano con su relato:
Entre sus leyes hay una a mi parecer muy sabia. Consiste en una función muy particular que se celebra una vez al año en todas las poblaciones. Luego que las doncellas tienen edad de casarse, las reúnen todas y las conducen a un sitio en torno al cual hay una multitud de hombres a pie. Allí el pregonero las hace levantar de una en una y las va vendiendo, empezando por la más hermosa de todas. Después que ha despachado a la primera por un precio muy subido, pregona a la que sigue en hermosura y así las va vendiendo, no por esclavas sino para que sean esposas de sus compradores.
De este modo sucedía que los babilonios más ricos y que se hallaban en estado de casarse, tratando a porfía de superarse unos a otros en la generosidad de las ofertas, adquirían las mujeres más lindas y agraciadas. Pero los plebeyos que deseaban tomar mujer, recibían con un buen dote alguna de las doncellas más feas. Porque así como el pregonero acababa de dar salida a las más bellas, hacía poner en pie a la más fea del concurso, o la contrahecha, si alguna había, e iba pregonando quien quería casarse con ella recibiendo menos dinero, hasta entregarla por último al que menos dote aceptaba. El dinero para estas dotes se sacaba del precio dado por las más hermosas y con este las bellas dotaban a las feas y a las contrahechas.
A nadie le era permitido colocar a su hija con quien mejor le parecía, como tampoco podía ninguno llevarse consigo a la doncella que hubiese comprado, sin dar primero fianzas por las que se obligase a cohabitar con ella; y cuando no quedaba la cosa arreglada en estos términos, le mandaba la ley a desembolsar el dote. También era permitido comprar mujer a los que de otros pueblos concurrían con este objeto.
Tal era la hermosísima ley que tenían, y que ya no subsiste. Recientemente han inventado otro uso, a fin de que no sufran perjuicio las doncellas, ni sean llevadas a otro pueblo. Como después de la toma de la ciudad muchas familias han experimentado menoscabo en sus intereses, los particulares faltos de medios prostituyen a sus hijas, y con las ganancias de que aquí les resultan, proveen a su colocación.
Hasta hai la cita. Una costumbre más tomada de Los nueve libros de la historia de Herodoto es la que sigue.
Los masagetas tienen algunas costumbres particulares, entre ellas, la siguiente: Cada uno se casa normalmente con una mujer, pero el uso y disfrute de éstas es de bien común. Así, “cualquier hombre, colgando del carro su aljaba, puede juntarse sin reparo con la mujer que le acomoda”.
*Publicado en la revista semanal Mujeres
Dejémosle que él nos lleve de la mano con su relato:
Entre sus leyes hay una a mi parecer muy sabia. Consiste en una función muy particular que se celebra una vez al año en todas las poblaciones. Luego que las doncellas tienen edad de casarse, las reúnen todas y las conducen a un sitio en torno al cual hay una multitud de hombres a pie. Allí el pregonero las hace levantar de una en una y las va vendiendo, empezando por la más hermosa de todas. Después que ha despachado a la primera por un precio muy subido, pregona a la que sigue en hermosura y así las va vendiendo, no por esclavas sino para que sean esposas de sus compradores.
De este modo sucedía que los babilonios más ricos y que se hallaban en estado de casarse, tratando a porfía de superarse unos a otros en la generosidad de las ofertas, adquirían las mujeres más lindas y agraciadas. Pero los plebeyos que deseaban tomar mujer, recibían con un buen dote alguna de las doncellas más feas. Porque así como el pregonero acababa de dar salida a las más bellas, hacía poner en pie a la más fea del concurso, o la contrahecha, si alguna había, e iba pregonando quien quería casarse con ella recibiendo menos dinero, hasta entregarla por último al que menos dote aceptaba. El dinero para estas dotes se sacaba del precio dado por las más hermosas y con este las bellas dotaban a las feas y a las contrahechas.
A nadie le era permitido colocar a su hija con quien mejor le parecía, como tampoco podía ninguno llevarse consigo a la doncella que hubiese comprado, sin dar primero fianzas por las que se obligase a cohabitar con ella; y cuando no quedaba la cosa arreglada en estos términos, le mandaba la ley a desembolsar el dote. También era permitido comprar mujer a los que de otros pueblos concurrían con este objeto.
Tal era la hermosísima ley que tenían, y que ya no subsiste. Recientemente han inventado otro uso, a fin de que no sufran perjuicio las doncellas, ni sean llevadas a otro pueblo. Como después de la toma de la ciudad muchas familias han experimentado menoscabo en sus intereses, los particulares faltos de medios prostituyen a sus hijas, y con las ganancias de que aquí les resultan, proveen a su colocación.
Hasta hai la cita. Una costumbre más tomada de Los nueve libros de la historia de Herodoto es la que sigue.
Los masagetas tienen algunas costumbres particulares, entre ellas, la siguiente: Cada uno se casa normalmente con una mujer, pero el uso y disfrute de éstas es de bien común. Así, “cualquier hombre, colgando del carro su aljaba, puede juntarse sin reparo con la mujer que le acomoda”.
*Publicado en la revista semanal Mujeres
viernes, 3 de junio de 2011
Escaparate político
El periodista Felipe Sánchez en su columna Escaparate político publica lo siguiente y luego reproduce mi artículo El cártel de la sección 22 que pueden ver en este blog y que se publicó el 25 de mayo
¿UN CÁRTEL?
EN LA APABULLANTE publicidad negativa que se han ganado a pulso los mafiosos que mueven la sección 22 del SNTE, ha surgido un nuevo calificativo que, sin duda, denigra la otrora honrosa tarea magisterial: es “una profesión de cínicos”.
DE tan impúdicos los que manejan los distintos grupos que a su vez azuzan a los “educadores” para cometer tantos ilícitos contra los oaxaqueños con la complicidad del gobierno el que les permite total impunidad, también se han ganado otra acertada denominación: cártel.
EL COLEGA Ulises Torrentera, camarada desde aquellas juergas de antología, los define con tal sugestión que vale la pena compartir su texto con mis lectores:
¿UN CÁRTEL?
EN LA APABULLANTE publicidad negativa que se han ganado a pulso los mafiosos que mueven la sección 22 del SNTE, ha surgido un nuevo calificativo que, sin duda, denigra la otrora honrosa tarea magisterial: es “una profesión de cínicos”.
DE tan impúdicos los que manejan los distintos grupos que a su vez azuzan a los “educadores” para cometer tantos ilícitos contra los oaxaqueños con la complicidad del gobierno el que les permite total impunidad, también se han ganado otra acertada denominación: cártel.
EL COLEGA Ulises Torrentera, camarada desde aquellas juergas de antología, los define con tal sugestión que vale la pena compartir su texto con mis lectores:
Virgenes del maguey*
De acuerdo a la tradición guadalupana, en el cerro del Tepeyac un 12 de diciembre de 1531 la virgen María por tercera ocasión se le apareció al indio Juan Diego que después de 471 años se convertiría en santo. El incrédulo arzobispo de la Nueva España, fray Juan de Zumárraga –quien nunca deja constancia testimonial de este extraordinario hecho– requería pruebas fehacientes de la aparición y la virgen lo complació: su imagen se estampó en el ayate del indígena.
El ayate o tilma es una tela fabricada con fibras de maguey. Aún el más fino entramado de ésta, sigue siendo una tela gruesa y tosca. Sobre ella se estampó la imagen de la virgen de Guadalupe. Más aún, para Edmundo O’Gorman en su libro Destierro de sombras, el resplandor en la imagen en realidad son pencas de maguey y esto puede ser posible puesto que la otra aparición se da justamente en un magueyal. Además, la virgen por excelencia de los mexicanos está asentada sobre una luna menguante, que está vinculado al mundo acuático y al maguey en especial.
Juan Rodrigo de Villafuerte, uno de los hombres que acompañó a Hernán Cortés, trajo a territorio americano una imagen de la Virgen de los Remedios “para su consuelo”, regalo de su hermano quien le aseguró que la imagen le había salvado en las batallas y que haría lo mismo en el Nuevo Mundo.
A la llegada de los españoles a México Tenochtitlán, Cortés ordenó que se colocara la imagen en un altar que era utilizado para sacrificios humanos y no se volvió a usar sino hasta el 30 de junio de 1520 –en la célebre Noche triste– cuando las tropas españolas salieron precipitadamente de la capital del imperio azteca. En un cerro cercano al pueblo de Tlacopan, donde pasaron la noche, según las crónicas, la Virgen de Los Remedios se les apareció acompañada del apóstol Santiago quien les auguró el triunfo definitivo.
20 años después, una vez consumada la conquista, al cacique indio convertido al catolisismo y de nombre Juan de Águila se le apareció la Virgen “que con voz sensible le decía: Hijo búscame en este pueblo”. De inmediato empezó a buscar la imagen que encontró debajo de un maguey. Desde entonces la imagen tallada en madera fue venerada y los comarcanos solicitaban su intercesión para acabar con las sequías, plagas y pestes; lo mismo que para inundaciones o temblores.
La Virgen de Los Remedios era llevada en procesión en la calzada México-Tacuba para aplacar la furia de la naturaleza, sobre todo en lo que se refiere a inundaciones, frecuentes en ese entonces. Para los pocos devotos de la virgen del Tepeyac o Guadalupe, las autoridades eclesiásticas tenían predilección por la otra virgen, la de rasgos europeos. Al respecto escribe Humboldt, ya asentada la creencia guadalupana:
El espíritu de partido que reina entre los criollos y los gachipines da un matiz particular a la devoción. A la gente común, criolla e india, ve con sentimiento que, en las épocas de grandes sequedades, el Arzobispo haga traer con preferencia a México la imagen de la Virgen de los Remedios. De ahí aquel proverbio que tan bien caracteriza el odio mutuo de las castas: “hasta el agua nos debe venir de la gachupina”.
Otra Virgen, la de Juquila, en Oaxaca, tiene una característica que la hace especial entre las demás vírgenes. Está asentada sobre un maguey tobalá, que es común en la región y del que se obtiene un mezcal excepcional y único. Por la vestimenta que se le cambia diariamente es difícil apreciar el maguey, pero de vez en cuando es posible advertirlo.
Si en la bandera nacional se representa el sitio geográfico, Tenochtitlán, en la imagen de la Virgen de Guadalupe (y las demás vírgenes) está representada la parte espiritual y cosmogónica del pueblo mexicano: el maguey. Ambas plantas, el nopal donde se posa el águila devorando la serpiente y el maguey donde se imprimió la imagen de la virgen, son emblemáticas de la nación mexicana.
* Sintesis de un ensayo publicado, con ese mismo nombre, en al el libro Miscellla mezcalacea
El ayate o tilma es una tela fabricada con fibras de maguey. Aún el más fino entramado de ésta, sigue siendo una tela gruesa y tosca. Sobre ella se estampó la imagen de la virgen de Guadalupe. Más aún, para Edmundo O’Gorman en su libro Destierro de sombras, el resplandor en la imagen en realidad son pencas de maguey y esto puede ser posible puesto que la otra aparición se da justamente en un magueyal. Además, la virgen por excelencia de los mexicanos está asentada sobre una luna menguante, que está vinculado al mundo acuático y al maguey en especial.
Juan Rodrigo de Villafuerte, uno de los hombres que acompañó a Hernán Cortés, trajo a territorio americano una imagen de la Virgen de los Remedios “para su consuelo”, regalo de su hermano quien le aseguró que la imagen le había salvado en las batallas y que haría lo mismo en el Nuevo Mundo.
A la llegada de los españoles a México Tenochtitlán, Cortés ordenó que se colocara la imagen en un altar que era utilizado para sacrificios humanos y no se volvió a usar sino hasta el 30 de junio de 1520 –en la célebre Noche triste– cuando las tropas españolas salieron precipitadamente de la capital del imperio azteca. En un cerro cercano al pueblo de Tlacopan, donde pasaron la noche, según las crónicas, la Virgen de Los Remedios se les apareció acompañada del apóstol Santiago quien les auguró el triunfo definitivo.
20 años después, una vez consumada la conquista, al cacique indio convertido al catolisismo y de nombre Juan de Águila se le apareció la Virgen “que con voz sensible le decía: Hijo búscame en este pueblo”. De inmediato empezó a buscar la imagen que encontró debajo de un maguey. Desde entonces la imagen tallada en madera fue venerada y los comarcanos solicitaban su intercesión para acabar con las sequías, plagas y pestes; lo mismo que para inundaciones o temblores.
La Virgen de Los Remedios era llevada en procesión en la calzada México-Tacuba para aplacar la furia de la naturaleza, sobre todo en lo que se refiere a inundaciones, frecuentes en ese entonces. Para los pocos devotos de la virgen del Tepeyac o Guadalupe, las autoridades eclesiásticas tenían predilección por la otra virgen, la de rasgos europeos. Al respecto escribe Humboldt, ya asentada la creencia guadalupana:
El espíritu de partido que reina entre los criollos y los gachipines da un matiz particular a la devoción. A la gente común, criolla e india, ve con sentimiento que, en las épocas de grandes sequedades, el Arzobispo haga traer con preferencia a México la imagen de la Virgen de los Remedios. De ahí aquel proverbio que tan bien caracteriza el odio mutuo de las castas: “hasta el agua nos debe venir de la gachupina”.
Otra Virgen, la de Juquila, en Oaxaca, tiene una característica que la hace especial entre las demás vírgenes. Está asentada sobre un maguey tobalá, que es común en la región y del que se obtiene un mezcal excepcional y único. Por la vestimenta que se le cambia diariamente es difícil apreciar el maguey, pero de vez en cuando es posible advertirlo.
Si en la bandera nacional se representa el sitio geográfico, Tenochtitlán, en la imagen de la Virgen de Guadalupe (y las demás vírgenes) está representada la parte espiritual y cosmogónica del pueblo mexicano: el maguey. Ambas plantas, el nopal donde se posa el águila devorando la serpiente y el maguey donde se imprimió la imagen de la virgen, son emblemáticas de la nación mexicana.
* Sintesis de un ensayo publicado, con ese mismo nombre, en al el libro Miscellla mezcalacea
jueves, 2 de junio de 2011
De los sueños II/II
La importancia histórica del sueño surge de la función de oráculo que cumplen en las sociedades primitivas y el mundo antiguo. Es inmemorial la práctica de acostarse en lugares sagrados –sobre túmulos de los antepasados, en grutas, espacios sacrificiales, en centros de poder– para obtener de los dioses un sueño orientador. Esto se llama ”incubación”, que significa “dormir en el santuario” y fue una práctica extendida en todas las culturas del mundo antiguo.
Acaso la experiencia de alguna propiedad terapéutica de los sueños es lo que lleva a instaurar sitios religiosos especializados en la curación de enfermedades. En Grecia se expande esa gran institución consagrada a aliviar y sanar que son los templos de Asclepio, el dios médico. En Epidauro, Cos, Atenas y muchas otras ciudades (incluso Alejandría y Roma, donde Asclepio pasa a llamarse Esculapio), los devotos concurren a dormirse en un lecho (cliné) para recibir en sueños la presencia del dios (en forma de anciano barbado, perro o serpiente) o la de su hija Panacea, quienes prescriben el tratamiento necesario. Desde el seno de esta tradición nace la Medicina científica cuando, en el siglo V a. C., Hipócrates elabora su teoría de los humores y sistematiza racionalmente la analogía entre determinados símbolos oníricos y las correspondientes enfermedades.
Los lugares rituales para ir a soñar más famosos del Mundo antiguo son los de Delfos en Grecia y de Menfis en Egipto.
Con la irrupción del cristianismo, la incubación no desaparece. Mediante el cambio de Asclepio por Jesucristo y de las imágenes de los dioses antiguos por las de los mártires cristianos, en los templos se sigue practicando la incubación de sueños, principalmente en las iglesias orientales, sobreviviendo dicha costumbre hasta la actualidad en algunas iglesias de Asia Menor. Aunque ya hace rato que las viejas clinés del templo se hayan mudado a las modernas clínicas o bien al diván del psicoanalista.
Pero si eso sucede en Oriente, en Occidente y Medio Oriente, los preceptos bíblicos se imponen. En Eclesiásticos (34, 1-8) se lee:
Cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños; lo que esperas es lo que sueñas./ A no ser que los mande el altísimo a visitarte, no hagas caso de sueños./ A muchos extraviaron los sueños y quedaron defraudados los que le dieron fe.
Para otras naciones, en cambio, los sueños es un desprendimiento del alma, llegar al interregno, una muerte breve. No sólo en el judaísmo se considera al sueño como una forma de muerte, en la mitología griega, el sueño (hypnos) y la muerte (thanatos) son descritos como “gemelos de la noche” que residen en el otro mundo.
Hay, por supuesto otro enfoque para abordar los sueños, la línea racionalista que inaugura Aristóteles y cuyas investigaciones han permitido, por ejemplo, el descubrimiento del sueño REM (Rapid Eye Movimient) y que tratan de dilucidar la manera en que se crean los sueños.
Acaso la experiencia de alguna propiedad terapéutica de los sueños es lo que lleva a instaurar sitios religiosos especializados en la curación de enfermedades. En Grecia se expande esa gran institución consagrada a aliviar y sanar que son los templos de Asclepio, el dios médico. En Epidauro, Cos, Atenas y muchas otras ciudades (incluso Alejandría y Roma, donde Asclepio pasa a llamarse Esculapio), los devotos concurren a dormirse en un lecho (cliné) para recibir en sueños la presencia del dios (en forma de anciano barbado, perro o serpiente) o la de su hija Panacea, quienes prescriben el tratamiento necesario. Desde el seno de esta tradición nace la Medicina científica cuando, en el siglo V a. C., Hipócrates elabora su teoría de los humores y sistematiza racionalmente la analogía entre determinados símbolos oníricos y las correspondientes enfermedades.
Los lugares rituales para ir a soñar más famosos del Mundo antiguo son los de Delfos en Grecia y de Menfis en Egipto.
Con la irrupción del cristianismo, la incubación no desaparece. Mediante el cambio de Asclepio por Jesucristo y de las imágenes de los dioses antiguos por las de los mártires cristianos, en los templos se sigue practicando la incubación de sueños, principalmente en las iglesias orientales, sobreviviendo dicha costumbre hasta la actualidad en algunas iglesias de Asia Menor. Aunque ya hace rato que las viejas clinés del templo se hayan mudado a las modernas clínicas o bien al diván del psicoanalista.
Pero si eso sucede en Oriente, en Occidente y Medio Oriente, los preceptos bíblicos se imponen. En Eclesiásticos (34, 1-8) se lee:
Cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños; lo que esperas es lo que sueñas./ A no ser que los mande el altísimo a visitarte, no hagas caso de sueños./ A muchos extraviaron los sueños y quedaron defraudados los que le dieron fe.
Para otras naciones, en cambio, los sueños es un desprendimiento del alma, llegar al interregno, una muerte breve. No sólo en el judaísmo se considera al sueño como una forma de muerte, en la mitología griega, el sueño (hypnos) y la muerte (thanatos) son descritos como “gemelos de la noche” que residen en el otro mundo.
Hay, por supuesto otro enfoque para abordar los sueños, la línea racionalista que inaugura Aristóteles y cuyas investigaciones han permitido, por ejemplo, el descubrimiento del sueño REM (Rapid Eye Movimient) y que tratan de dilucidar la manera en que se crean los sueños.
miércoles, 1 de junio de 2011
De los sueños I/II
Del sueño se ha dicho todo y se seguirá escribiendo. Pocos nos atrevemos a contarlo tal cual. Dudamos en trasmitirlo porque hay la creencia de que, al contarlo, develamos nuestra personalidad. Si lo contamos nos convertimos en nuestros propios enemigos. El riesgo del psicoanálisis instantáneo de amigos y parientes es alto.
Pero eso es una herencia del siglo XX. Es, en todo caso, culpa de Sigmund Freud. Ahí está su célebre libro La interpretación de los sueños (1900) que es una nueva interpretación a la larga tradición tanto Occidental como Oriental. Es la continuación científica de lo ya conocido por los pueblos antiguos de toda latitud, de toda cultura, de todo el orbe, en distinto tiempo y espacio.
El sueño fue en la antigüedad lo que para los alquimistas fue en la Edad Media la Piedra Filosofal, aquel mineral vil que podría convertirse en oro. Pero la modernidad le confirió al sueño un espacio único y personal, desligándolo del espectro social, comunitario. Antes, los sueños se trasmitían como reguero de polvera, es decir, se comunicaban de boca en boca. Los sueños, entonces, descifraban la vida: el pasado, el presente y el futuro.
Desde el sueño los videntes veían quién mató a una persona, quien robó a quien; veían, también la destrucción y la ruina de los imperios como aquellos hechiceros que predijeron la conquista de México-Tenochtitlán y que Moctezuma mandó encarcelar para que los sueños no se cumpliesen. La pesadilla se cumplió. Los españoles y sus aliados construyeron un nuevo imperio sobre las ruinas del reino azteca. Otro sueño, en cambio fundó ciudades como Betel cuando Yevé se le apareció a Jacob cuando dormía.
De Homero, autor de La Ilíada y La Odisea, hasta Carl Gustav Jüng los sueños dejan de ser un elemento personal, íntimo, para convertirse en cuestión de Estado, en res pública. La historia nos demostrará que por no hacer caso a sueños, como en el caso de los aztecas, imperios habrían de secumbir, reinados habrían de terminar, vidas habrían de culminar, dinastías habrían de nacer.
Pero más allá de lo anterior, la experiencia de los sueños fue lo que evocó la dualidad entre cuerpo y alma y, lo que seguramente se convirtió en el catalizador de la creación o invención de la “vida eterna”, de “dios” y la trasmigración del alma.
Si para algunos los sueños permiten entrever el futuro o comunicarse directamente con dios o los muertos, o bien solucionar aspectos personales de sus vidas, para otros en cambio permite o cataliza la creación. En todos estos casos hay innumerables testimonios a lo largo de la historia.
Pero sobre manera me interesa más los sueños como fuente de creación, como una forma de creación paralela y inextricablemente al proceso mismo de la creación.
Pero eso es una herencia del siglo XX. Es, en todo caso, culpa de Sigmund Freud. Ahí está su célebre libro La interpretación de los sueños (1900) que es una nueva interpretación a la larga tradición tanto Occidental como Oriental. Es la continuación científica de lo ya conocido por los pueblos antiguos de toda latitud, de toda cultura, de todo el orbe, en distinto tiempo y espacio.
El sueño fue en la antigüedad lo que para los alquimistas fue en la Edad Media la Piedra Filosofal, aquel mineral vil que podría convertirse en oro. Pero la modernidad le confirió al sueño un espacio único y personal, desligándolo del espectro social, comunitario. Antes, los sueños se trasmitían como reguero de polvera, es decir, se comunicaban de boca en boca. Los sueños, entonces, descifraban la vida: el pasado, el presente y el futuro.
Desde el sueño los videntes veían quién mató a una persona, quien robó a quien; veían, también la destrucción y la ruina de los imperios como aquellos hechiceros que predijeron la conquista de México-Tenochtitlán y que Moctezuma mandó encarcelar para que los sueños no se cumpliesen. La pesadilla se cumplió. Los españoles y sus aliados construyeron un nuevo imperio sobre las ruinas del reino azteca. Otro sueño, en cambio fundó ciudades como Betel cuando Yevé se le apareció a Jacob cuando dormía.
De Homero, autor de La Ilíada y La Odisea, hasta Carl Gustav Jüng los sueños dejan de ser un elemento personal, íntimo, para convertirse en cuestión de Estado, en res pública. La historia nos demostrará que por no hacer caso a sueños, como en el caso de los aztecas, imperios habrían de secumbir, reinados habrían de terminar, vidas habrían de culminar, dinastías habrían de nacer.
Pero más allá de lo anterior, la experiencia de los sueños fue lo que evocó la dualidad entre cuerpo y alma y, lo que seguramente se convirtió en el catalizador de la creación o invención de la “vida eterna”, de “dios” y la trasmigración del alma.
Si para algunos los sueños permiten entrever el futuro o comunicarse directamente con dios o los muertos, o bien solucionar aspectos personales de sus vidas, para otros en cambio permite o cataliza la creación. En todos estos casos hay innumerables testimonios a lo largo de la historia.
Pero sobre manera me interesa más los sueños como fuente de creación, como una forma de creación paralela y inextricablemente al proceso mismo de la creación.
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