domingo, 15 de mayo de 2011

Siete pecados I

El término “capital” no se refiere
a la magnitud del pecado sino a
que da origen a muchos otros pecados.
Tomás de Aquino.


A los pecados capitales –denominados así por ser “cabeza” (capit, en latín) o principio de los demás pecados– y que son origen de lo moralmente reprobable de acuerdo con el cristianismo, se oponen las virtudes cardinales que impelen a lo correcto, como veremos después. Saligia es la sigla popular en la Edad Media que correspondía a las iniciales de superbia, avaritia, luxuria, invidia, gula, ira, acedia.
Fue en la Edad Media cuando se llegaron a codificar los siete pecados capitales o mortales, en una etapa turbulenta donde empezaron a cuestionarse los dogmas –y que en última instancia llevó al cisma con la Reforma-, de la expansión del Islam y la búsqueda permanente de nuevas rutas comerciales. El castigo y el reato de estos pecados pretendían frenar las nacientes herejías, como el nicolaísmo, nestorismo o bien la simonía, aun cuando la en la Iglesia los pecados eran mayores: compra de cargos eclesiásticos, venta de bulas, financiamiento para cruzadas… por solo citar algunos ejemplos.
Los siete pecados no siempre fueron siete ni los mismos. Los teólogos y los padres de la Iglesia se nutrieron ampliamente del clasicismo griego y latino y lo incorporaron a sus tesis. Para no extenderme diré que el filósofo griego Zenón enumera ocho pecados: en dos grupos de cuatro; el latino Cicerón hace lo propio; Orígenes, Padre de la Iglesia señala siete, tantos como los pueblos que enfrentó Israel en su conquista de Canaan.
El eremita Evagrio Póntico enumera ocho pecados y los coloca en orden según el grado de peligro: gula, impureza, avaricia, melancolía, ira, pereza, vanagloria, orgullo, lo mismo hace Casiano de Marsella aunque en otro orden pero la gula sigue siendo el primer pecado. Es Gregorio Magno quien fija definitivamente el número siete. Agustín coloca como primer pecado a la soberbia, agrega la envidia y junta melancolía y pereza. Tomás de Aquino asegura que la soberbia y la avaricia son los principales pecados, de donde se derivan el resto, aunque deja intacto el número siete. Posterior y eventualmente se llegan a mencionar ocho pecados, confundiendo orgullo y vanagloria o bien acedia con tristeza, sustituyendo, finalmente, la primera por la segunda. El canonista y obispo Henricus Ostiénsis, escribe en 1271: Dat septem vicia / Dictio saligia.
Para Tomás de Aquino, hay otros dos pecados: El temor y la esperanza, pues “son pasiones de la irascible. Mas todas las pasiones de la irascible nacen de las pasiones de la concupiscible, las cuales también se ordenan de algún modo a la delectación y a la tristeza. Y por eso entre los pecados capitales se enumeran principalmente la delectación y la tristeza como pasiones principalísimas”.
Asimismo, Aquino señala que son en realidad cuatro los pecados capitales, que corresponden a las cuatro virtudes. Así argumenta el teólogo por antonomasia:
“En primer lugar hay un bien del alma que ya por su sola aprehensión es apetecible, a saber, la excelencia de la alabanza o del honor; y tal bien lo busca desordenadamente la vanagloria. Otro bien es el del cuerpo; y éste o pertenece a la conservación del individuo, como la comida y la bebida, y este bien lo busca desordenadamente la gula; o a la conservación de la especie, como el coito: y a esto se ordena la lujuria. El tercer bien es más exterior, a saber, las riquezas: a éste se ordena la avaricia. Y estos cuatro vicios mismos rehuyen desordenadamente las cosas contrarias”.
Con otra argumentación tomista Aquino se refiere al resto de los pecados capitales que aún cuando son origen y principio de otros vicios y pecados, no lo son al extremo de merecer muerte capital, como podría suponerse por el nombre dado a estos pecados. El castigo, desde luego estará en el otro mundo después de la muerte, ya en el Purgatorio donde se purifican las almas o en el Infierno a la espera del Juicio Final.
Contra los pecados capitales es necesario alcanzar determinadas integridades, en principio las virtudes cardinales, que son: Prudencia, justicia, templanza y fortaleza. En la Edad Media, los Padres de la Iglesia se afanaron en conciliar los dogmas bíblicos y los razonamientos de la filosofía griega, fundamentalmente aristotélicos –puestos en circulación por los árabes después de que por siglos permanecieron ocultos por los occidentales. Así, de la teoría platónica se toman tres de estas virtudes, asociadas a cada una de las partes con que divide el alma. Así, a la virtud de lo racional (soberbia) corresponde la prudencia; la de lo irascible (ira) a la fortaleza y la de lo concupiscible (lujuria) a la templanza o moderación. La cuarta, que es la virtud más importante de todas, la justicia, nace cuando cada parte del alma cumple su cometido convirtiéndose así en virtud rectora que cohesiona a las restantes.
Para los estoicos la prudencia o sabiduría, la fortaleza, la templanza y la justicia, son las cuatro virtudes cardinales. El hombre que posee con perfección estas cuatro virtudes, nada tiene que pedir ni envidiar a la Divinidad; se hace igual a Dios, del cual sólo se diferencia en la duración mayor o menor de su existencia: bonus ipse tempore tantum a Deo differt.
Si se hurga más podemos remitirnos a De officiis de Cicerón, a Meditaciones de Marco Aurelio, pienso en los filósofos estoicos griegos terminando con los romanos, con Séneca a la cabeza. El cristianismo añadió a estas virtudes, las cardinales, las llamadas Virtudes teologales: Fe, esperanza y caridad. En la teología católica, éstas son hábitos que Dios infunde en la inteligencia y en la voluntad para ordenar las acciones del hombre. En total, son siete las virtudes que hay que seguir para alcanzar el cielo y contrarrestar los pecados capitales. Podríamos seguir con el tema con las virtudes infusas y las adquiridas pero ello sería entrar a esa ardua tarea que es la teología.

sábado, 14 de mayo de 2011

Primogénito

Primo equivale a primoroso, sutil, y proviene del vocablo latín primus, es decir, figuradamente, el primero en calidad. Primero tiene su origen del latín primarius, el de la primera fila, el primero en orden. Primer es la forma apocopada de primero. Otros vocablos se han derivado de éstos, algunos cultismos, entre ellos primería, primeridad, primar, primaz, primacía, primasaguas o sea, las primeras aguas que caen al empezar la estación de lluvias, nos informa el Diccionario crítico Etimológico castellano e hispánico
En la Biblia versión Reina-Valera (Exodo 12, Capítulo 13) se lee que Jehová habló á Moisés, diciendo: Santifícame todo primogénito, cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales: mío es.
En Mateo (1:25): Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús. (Lc. 2. 21) El propio Mateo llama al hijo de María su primogénito. Si Cristo hubiera sido el único no se le llamaría primogénito sino que unigénito. Después vemos en Mateo (13:55) los nombres de los hermanos de Jesús y también menciona a sus hermanas. Las escrituras son claras para darnos a entender que María no continuo siendo virgen por toda su vida, pero eso es otro cantar y merece un comentario aparte.
En la cuarta Alía (11:3-12:20) de la tradición judaica se lee “El Eterno dice así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito de faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de su sierva y de toda bestia. Un cordero sin defecto seria tomado y su sangre seria puesta como señal en los dos postes y en los dinteles de las casas”.
También en la tradición judía (Bem. 18:15,16) se menciona que “todo el que abre la matriz de todo ser, ya sea de hombre o de animal, que se ofrece a Hashem, será para ti. Pero sin falta rescatarás al primogénito del hombre; también rescatarás el primerizo del animal inmundo. En cuanto al rescate, efectuarás el rescate de ellos al mes de nacidos, mediante el precio de 5 siclos de plata, según el siclo del santuario, el cual tiene 20 geras”.
Lo mismo sucedía en las llamadas culturas paganas o antiguas. Se acostumbraba consagrar los primeros frutos, crías o hijos a los dioses; la costumbre también era conocida por los Israelitas, y fue aceptada por la Torá, como muchos ritos y mitos. También como recordatorio de la plaga en la cual Dios mató a los primogénitos en Mitzraim, pero no tocó a los hijos de los israelitas.
De ahí que Jehová exige que el hijo varón que fue el primero en salir de la matriz de su madre sea consagrado a Dios, es decir, le sea entregado al cohen, que es el representante de Dios en la Tierra, para que el cohen lo eduque y lo ponga a servir en el Templo por toda la vida (esto era así en épocas que el Templo no había sido destruído).
Como los padres en general no quieren abandonar a sus hijos, incluso para darlos a Dios, hacen la ceremonia de Pidión HaBen, generalmente a los 31 o 32 días después del nacimiento, con el correspondiente pago.
Primogénito es una palabra bíblica que se refiere al primer nacido de un matrimonio. La palabra, tal como la conocemos, es empleada a partir del siglo XIII y se emplea como el “primer nascido o primer fijo”. Es un vocablo creado paralelamente a segundogénito y segundogenitura. También lo refiere Corominas en su indispensable lexicón. Siempre en el lenguaje lógico normal, un primero requiere un segundo.

viernes, 13 de mayo de 2011

Axis mundi

Todos los pueblos, todas las culturas a lo largo de la historia de la humanidad tienen referentes mitológicos que los relacionan con sus dioses. Ya una montaña y su representación arquitectónica, la pirámide o el templo; ya el centro cósmico que puede estar representado por una cavidad como una cueva o bien como “el ombligo del mundo”; ya como el axis mundi, que puede ser representado por un árbol, un poste, una liana.
Los templos son réplicas de la Montaña cósmica y, constituyen, por consiguiente, el vínculo por excelencia entre cielo y tierra, esto es común prácticamente para todas las culturas, porque la comunicación con el cielo se expresa indiferentemente por cierto número de imágenes relativas en su totalidad al axis mundi, el eje o el pilar del mundo. Así, tenemos la universalis columna: la escala o la escalera de Jacob, o la escala de Mahoma, texto árabe del que se inspiraría Dante Alegheri en su Divina Comedia.
Es importante mencionar que en múltiples culturas se habla de montañas que se hallan en el Centro del Mundo, míticas o reales: Meru en la India, Haraberezaiti en el Irán, la montaña mítica Monte de los Países en Mesopotamia, Gerizmin, “ombligo de la Tierra”, en Palestina. Por supuesto no podemos dejar de mencionar al Olimpo griego. Pero del “ombligo del mundo” nos referiremos en otra entrega.
El axis mundi es, pues, el vínculo entre lo terrenal y lo cielar, entre los humano y lo divino. Mas en la actualidad ¿cómo podría representarse en el mundo secular y profano este eje divino?
La respuesta la podemos encontrar en el lugar más inesperado: en el table dance.
A mi parecer lo más importante del table dance es el tubo, no sólo por el funambulismo vertical que practican las acróbatas mórbidas, sino porque representa el axis mundi, el eje que sostiene ese mundo trasnochador, es el eje que mantiene ese mundo que trasforma al noctívago. Es el vínculo entre lo habitual o lo extraordinario, entre lo terrenal y lo paradisíaco.
Es el camino en direcciones opuestas: cielo e infierno.

El Central

El Salón El Central no es propiamente una cantina en el sentido tradicional del término, podría considerarse una neocantina pero el término, aunque postmoderno, es insuficiente para definir el concepto de este lugar. En todo caso, lo considero una extensión del taller del pintor Guillermo Olguín –su fundador y propietario- o, si se quiere, un centro cultural donde también se puede beber además de asistir a exposiciones de obra plástica, funciones de cine de arte, conciertos de música de vanguardia o bien participar de un perfomance. Bailar con excelente música no es el menor de los goces del lugar.
No es, tampoco, la obra de una sola persona, en este caso del joven y consolidado artista oaxaqueño Guillermo Olguín, uno de los más representativos pintores de la nueva oleada, sino también de la colaboración de otros artistas y de los propios “empleados”, si este término puedo ajustarse al trabajo creativo de quienes participan de esta aventura semanal, referente indiscutible de la vida cultural de la capital de Estado.
Cuando hablo de una extensión de un taller pictórico me refiero, en primer término a que ese lugar –la segunda calle de Hidalgo en el Centro Histórico- fue, precisamente el lugar de trabajo del artista. Posteriormente fue adaptado, poco a poco, como una cantina y, al mismo tiempo, en centro cultural sin pretensiones institucionales o de otra índole más allá de lo que ha sido concebido.
El Central, así a secas, es frecuentado por artistas de diferentes disciplinas, distinta concepción artística, disímil ideología y origen diverso. Es centro de reunión donde se discute alrededor de la vida cultural oaxaqueña que, en términos globales, se refiere al quehacer artístico de los creadores afincados en estas tierras y que provienen de otras entidades del país y de otros países y claro, de quienes nacieron aquí. No puede faltar, desde luego, el cotilleo que genera tan dispersa y heterogénea comunidad y que inevitablemente forja leyendas y también desencuentros. Es lugar obligado de asistencia para el artista que está de paso por Oaxaca.
Si he puesto énfasis en lo artístico es porque su concepción fue así, lo que no necesariamente tiene que traducirse como un centro cultural institucional. Es un espacio abierto a todas las corrientes y no hay imposición ni conceptual ni ideológica y con ello quiero decir que El Central tampoco es centro de reunión de capillas culturales, de conciliábulos artísticos y de grillos culturales.
A diferencia de otros lugares de este tipo, El Central está en constante transformación –y no es un gatopardismo ni decorativo ni conceptual- en cuanto a sus propuestas artísticas (exposiciones, conciertos, etc.) como a lo ornamental donde lo distintivo es su eclecticismo, sin que este término suene peyorativo, sino por el contrario, como feliz acierto. La impronta de quienes han colaborado en este proyecto se mantiene latente pero también los ha rebasado.
El Central es una auténtica Babel donde las charlas sobre cualquier tópico están salpicadas de inglés, francés, alemán, español y zapoteco y en donde el lenguaje universal de la camaradería y alcohol une corazones, desata polémicas y exalta los espíritus. No puede haber mejor combinación para quienes gustan de lo excéntrico, prefieren lo inusual y están dispuestos a iniciar una nueva aventura que puede renovarse el siguiente fin de semana.

Culturama

Columna radiofónica semanal

De manera abrupta, alguien decidió nombrar a un nuevo director de la Casa de la Cultura Oaxaqueña. Así, se despachó a Sergio Cervantes y tomó la estafeta Javier Alonso quien en menos de quince días fue a su vez destituido. ¿Qué pasó? Bien a bien nadie lo sabe, lo cierto es que fue una decisión dictada por el capricho. Es seguro que el secretario de cultura, Andrés Webster Hernestosa, impidió que se consumara la imposición. Pero fuera de ese chisme palaciego, hay dos cuestiones importantes que señalar.
Por una parte se impone preguntarse bajo qué criterios se nombrará a un nuevo director de la casa de la cultura? ¿Cuál debe ser el perfil adecuado? Y, por otra parte y de manera sustancial, independientemente del personaje que sea el nuevo titular de la institución, ¿qué va a pasar con la casa de la cultura?
A estas alturas es claro que esa institución está anquilosada, como centro cultural no responde a las exigencias que la sociedad reclama. El Instituto de Artes Gráficas, la Casa de la Ciudad por solo nombrar dos importantes centros culturales, han substituido a la casa de la cultura.
Los últimos directores nunca imprimieron un nuevo sesgo a la institución, simplemente dejaron que las cosas marchasen como en los años setenta de siglo pasado. Hoy por hoy no hay proyecto para el siglo xxi de una casa de la cultura oaxaqueña. Lejos de modernizarse, de ser adalid de las artes y la cultura, esa institución simplemente se burocratizó.
La casa de la cultura se ha convertido en guardería, donde los padres dejan a sus hijos para que se entretengan. No es iniciadora de artes, es cuidadora de niños. La época en que brilló la casa de la cultura pasó hace mucho tiempo. Es imprescindible refundarla pero eso se ve imposible teniendo a un secretario de cultura timorato.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Zanate

Una charca, bajo un almendro, es guarida provisional de una parvada de zanates, parientes menores, gárrulos y gamberros, de los cuervos que aún siendo de la misma especie, son elegantes, distinguidos pero igualmente devastadores. Los zanates brincotean alrededor de la charca con las alas extendidas, se remojan, sacuden sus cabezas con movimientos nerviosos, convulsos; espantan a otras aves que se acercan a su territorio, las expulsan con un parloteo en que se adivinan improperios, gaznan antes de arrebatar la comida a otros, chillan y después picotean a los más pequeños; otros vigilan en las ramas y ante un peligro inminente, gorjean desesperados. Los zanates tienen muchas voces porque, como toda gavilla, tienen códigos para cometer fechorías y salir bien librados, incluso imitan a otros pájaros para despistar, para engañar, para robar huevos en nidos de otras aves. De ojo avizor, el zanate deja que el campesino se acerque hasta cierto límite luego lanza la alerta pero no se mueve, sigue en su daño, atento, con la pupila negra rodeada de un amarillo perverso. Si el campesino se agacha para recoger una piedra, los pajarracos llegan a las ramas antes de que el hombre toque la piedra. Un buen campesino lleva resortera y piedras romas en mano. Tiene que acercarse disimuladamente, como quien riega, como quien hace una labor y luego estirar lentamente la liga detrás de su brazo para que no lo vea el zanate y, en un acto, apuntar y disparar antes de que emprenda el vuelo. Mañoso, el zanate pronto aprende la lección y mide al hombre que después se contenta con solo espantar con su presencia al animal dañero. Tirar escopetazos es demasiado gasto para esta ave ictérica. El enemigo más astuto del zanate es el niño porque, furtivo, acecha detrás de los matorrales y dispara como saeta su resortera. A veces se le atina al zanate y cae despanzurrado mientras la parvada se disuelve en alharaca. Más tarde, cautos, recelosos, los zanates llega uno a uno, con desconfianza. Se acercan al caído, lo sacuden hasta que comprueban que está muerto, entonces inician una cadenciosa danza, caminan a su alrededor batiendo levemente sus alas, subiendo y bajando su pecho y moviendo frenéticamente su cabeza de lado a lado. Algunos piensan que es un rito funeral para interceder por el alma del ave por las maldades cometidas, pero todos saben que ese animal no puede tener alma de lo malo que es; otros creen que es para evitar que otros animales se lo coman, pero todos saben que siendo un ave de mala entraña su carne es magra. No lo come el zopilote, la rata lo desprecia, las alimañas le dan la vuelta, solo las hormigas negras, pequeñitas, mandan a sus esclavas porque esa carne acelera la descomposición de las hojas recortadas minúsculamente que incuban hongos que alimentarán a la nueva camada que esclavizará a otras hormigas. Solo para la maldad sirve esa carne. No falta quien diga que la bruja la usa para sus menjurjes, sus hechizos para enfermar al prójimo, enamorar a la mujer ajena, emponzoñar el alma del más pintado, tirar al marido al vicio. Hasta su mierda es corrosiva.
Del libro Zoografia

lunes, 9 de mayo de 2011

Trastienda


Las disposiciones municipales, tendientes siempre a obtener del ciudadano recursos para rendir culto a la personalidad del gobernante en turno, sofocan la convivencia social en vez de armonizar la vida comunitaria. Baste solo recorrer el centro histórico para ver el creciente comercio informal invadiendo aceras y el arroyo vehicular...
         Debido a la tortuosa tramitología y los impuestos que implica abrir un nuevo establecimiento (sin contar con el permiso respectivo) la gente prefiere trabajar en la clandestinidad, por ello y no por otra cosa algunas tiendas expenden bebidas embriagantes detrás del mostrador, en la trastienda.
         Algunas son conocidas por las mismas autoridades municipales y son frecuentemente concurridas por personas de estratos socioeconómicos diversos. Las hay pequeñas, pero en ocasiones la trastienda es más grande que la tienda misma.
         De ahí que se diga que una tienda u otra negociación es solo la fachada para otro giro comercial: una cantina disfrazada de tienda, se escucha decir.
         Los mexicanos tenemos la atávica propensión a la clandestinidad, que en cierta forma es una defensa ante las autoridades, siempre dispuestas a incarle el diente al ciudadano. Por supuesto que la clandestinidad tiene variaciones perversas: corrupción, piratería, por solo citar las más visibles y más devastadoras.
         De esta manera, los propietarios de las tiendas de la esquina abren la puerta trasera y habilitan el patio como centro de reunión para quienes así lo deseen. En poco tiempo la voz se corre y el lugar pronto se convierte en referencial en el barrio, en la colonia.
           No es difícil convertir un patio en una cantina, todo es cuestión de ingenio y buena intuición para el aprovechamiento del espacio. Tocones, cajas de refresco, piedras son excelentes para improvisar sillas y mesas.
         Pero ¿Por qué sufrir incomodidades habiendo cantinas? La respuesta es más que obvia: por los precios. Por supuesto que el parroquiano no tiene derecho a botana a no ser que la compre en la tienda o bien, la lleve con permiso expreso del dueño o propietaria.
         La existencia de una trastienda implica que vecinos inicien una serie de rumores y protestas; por ello el propietario cuida mucho que los parroquianos no hagan desmanes dentro y fuera de la miscelánea.
         Hay, también, trastienda sin tienda: cantinas clandestinas que gozan de la preferencia del barrio y su fama llega aún más lejos; de hecho algún regidor, un funcionario municipal sabe de su existencia pero mantiene el secreto. Secreto a voces porque solo los que no acostumbran beber desconocen su paradero.
         Tras el mostrador la vigilante mirada del propietario mantiene a los contertulios en calma. Como en toda cantina, pero más en éstas de arrabal, personas que nunca habían intercambiado palabra, empiezan a forjar una amistad que en poco tiempo se convertirá en duradera.
         Tales cantinas, aunque usted no lo crea y las autoridades municipales mantengan cerrados los ojos, son mucho más de lo que pudiera pensarse. Y sin embargo, son necesarias.
         utorrentera@hotmail.com